Martes, 17 de enero de 2006
Cualquiera puede pensar que "el mundo" está cambiando. Ayer dos noticias acompañaron a todos los españoles a lo largo del día, Bachelet, primera mujer presidente de Chile y Ellen Johnson, primera mujer al frente de un estado africano. Dos mujeres que han roto las firmes barreras de una sociedad masculina donde las reglas y los mitos han sido creados por hombres, sin embargo entre ellas hay grandes diferencias.
La presencia de Laura Bush y Condolezza Rice en la ceremonia de Johnson no ofrece las mismas esperanzas para Liberia, sobre todo si tenemos en cuenta que el país acaba de salir de una guerra civil que ha durado 14 años. Bachelet por su parte debe olvidarse, como se ha olvidado del odio pinochetista, de mirar con recelo a los países sudamericanos donde la izquierda ha dado un vuelco.
De nuevo, esta mañana y ante la noticia de que Alba Romero puede volver a vestir su uniforme de Guardia Civil, cualquiera puede pensar que estamos cambiando un poco... que avanzamos... La aceptación de un transexual en un cuerpo tan tradicional y de origen militar como es la Guardia Civil no hubiese tenido lugar en las mentes de nadie hace tan sólo veinte años.
Lo mismo ocurre con la aprobación de la unión civil entre personas del mismo sexo. Mismas obligaciones como ciudadanos, mismo derechos. Hemos avanzado, ¿no creéis?... ¿Pero en qué? ¿En cinismo?... Por mucho que el gobierno apruebe leyes y los tribunales remarquen los derechos de cada individuo, nosotros, el pueblo, parecemos absorbidos por la herencia del franquismo.
Según un informe realizado en 31 centros públicos de educación por el Colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid (COGAM), el 28% de los estudiantes aún tienen creencias homofóbicas y uno de cada tres chicos no ven como "algo negativo" el maltrato a los homosexuales.
La etnia, el país de origen y las condiciones sexuales, ideológicas o religiosas aún siguen siendo motivo de descriminación, marginación y acoso en la sociedad actual... como si la "ley de vagos y maleantes" aún estuviera vigente y se aplicara por jurados populares. Sin embargo, lo más aterrador es que estos casos se den dentro de los centros escolares. El jueves pasado una niña gitana recibía una paliza de ocho compañeros de clase por "ser gitana y gordita".
Creamos niños encerrados en "un mundo de videojuegos" donde todo vale y nos olvidamos de la educación social y emocional.
Algunas mañanas nos levantamos y sentimos que algo está cambiando... pero seguimos perdidos... seguimos igual.
Otros escritos relacionados: Esperanza para Chile, Clamando al cielo, Rajoy y la desigualdad humana o El cuento de nunca acabar.
Por: Sylvie | Réplicas y Replicantes | Comentarios (2) | Referencias (0)
Como bien dices creo que es un problema de educación, pero no creo que sea por desgana o poca atención de los padres (eso influye en otras cosas, desde luego), sino porque la educación que reciben de éstos es en muchos casos homófoba, xenófoba y discriminatoria. Se ha criticado mucho iniciativas como la educación por valores, por asemejarla a las doctrinas de "lavado de coco dictatorial" del franquismo. Pero yo me pregunto ¿no merecería la pena educar a nuestros hijos (si no ya nosotros, al menos alguien) en valores como la tolerancia, la igualdad, el respeto? ¿y qué tiene eso de malo?.
Nacho | 17-01-2006 14:30:48
gyfd | 19-01-2006 02:03:58
reflexiones, intentos, búsquedas y devaneos de una joven periodista
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