Jueves, 06 de octubre de 2005
La fiebre del tuning llegó hace unos años a nuestro país y no sólo ha revolucionado el mercado del automóvil, muchas empresas han visto en esta afición una fuente de ingresos
La personalización de vehículos significa para muchas personas decorar el interior con algún peluche en la parte de atrás, un colgante que hace las veces de ambientador en el espejo retrovisor y, sólo para los más atrevidos, una pegatina o dos en el exterior. Para otros en cambio, el coche se convierte en una parte de su cuerpo que adopta cambios en la estructura, color, estilo, altura y, por su puesto, complementos como si fuese él mismo quien cambiara.
El tuning fundamenta su existencia en la imagen de la carrocería y en convertir las partes fundamentales de un coche, como el volante, los espejos, los pedales o las ruedas en elementos decorativos. Sin embargo, los verdaderos ‘tuners’ no sacrifican ni un ápice de su seguridad a favor de un exuberante automóvil. Asimismo, siempre valoran los complementos o los elementos posibles de modificar como una mejora y una mayor comodidad durante la conducción.
Toda una reconversión
La moda tuning ha llegado a todos los lugares y a todas las edades, aunque se asienta con más importancia en jóvenes con edades comprendidas entre los 19 y 30 años y con una situación económica cómoda, ya que éste no es un hobby para pobres. La mayoría de los propietarios de los coches ‘tuneados‘ dedican una cantidad considerable de dinero a modelarlos, ya no se trata de originales dibujos y combinaciones de colores en la chapa sino de añadirles alerones, branquias, y bajarles el fondo, toda una reconversión del automóvil como lo conocemos de fábrica.
Los aficionados al tuning pueden disfrutar con revistas online o de papel, pueden pertenecer a clubes o acudir a concentraciones, ‘maxi shows’. La más reciente tuvo lugar en el circuito de Montmeló en Barcelona, más de 65.000 personas invadieron los parkings habilitados para la exposición de unos 1.700 coches seleccionados. Los participantes, de diferentes países de Europa, pusieron a punto sus obras de arte con el objetivo de figurar en el ‘TOP 20 Maxi Tuning’, un galardón muy codiciado entre los ‘tuners’.
Los Maxi Shows ofrecen diversas actividades para los asistentes, desde concursos fotográficos, zonas habilitadas para mini-motos, pasando por exposiciones de maquetas hasta concursos de imitaciones del ‘Neng’, colaborador de un programa de televisión que sorprendentemente se ha convertido en todo un icono.
Con la fiebre del tuning muchas empresas se han especializado en el sector de la rotulación para vehículos, remodelación de carrocerías o complementos decorativos siguiendo las líneas import, racing, german, etc. Un volante deportivo puede costar 120 euros, a esto hay que sumarle la instalación, unos 40 más. En el caso de apostar por la seguridad, un volante deportivo con airbag nos costaría 700 euros más la instalación por parte de un profesional que resultaría más costosa que el anterior.
Por su parte, la rotulación integral del coche en un solo color puede andar sobre los 1.200 euros dependiendo del modelo y de la posterior elección para la decoración. Si nos decidiéramos por lo más simple, un dibujo a uno de los lados o en el capó podría estar sobre los 400 euros. Mucho más caro resultaría darle a nuestro coche un toque de exotismo con la instalación del sistema de apertura de puertas tipo Lamborghini, el popular deportivo italiano.
La homologación de lunas, faros, llantas, asientos, etc. y la ITV son los mayores enemigos de quienes desean remodelar su coche, las nuevas leyes son estrictas ya que algunas modificaciones pueden afectar el funcionamiento general del coche, su garantía e incluso su seguridad y mantenimiento.
El tuning mueve mucho dinero en el mercado, pero en la calle cada vez son más las personas que lo consideran una cultura, un modo de ver la vida. Tanto es así, que incluso aquellos que participan en concentraciones y actos declaran compartir los mismos gustos músicales o el mismo estilo de ropa.
Los medios de comunicación y el cine se han apuntado también al filón de esta nueva tribu urbana, películas como ‘A todo gas’ resaltan la pasión por la velocidad y la transformación de los bólidos por parte de un grupo de personas afines al motor de cuatro ruedas. Lo que en sus tiempos ya hacían los chicos de ‘Grease’. Y en el gran mercado de las videoconsolas tampoco faltan los juegos de carreras donde el objetivo es ganar puntos para conseguir complementos tuning y así obtener una mayor reputación.
A pesar de la rápida expansión de los amantes del ‘tuneo’, nadie nace sabiendo por ello se ha creado el ‘bricotuning’. Son secciones que se pueden encontrar en la web o en revistas donde se facilitan manuales o consejos para instalar uno mismo la luz de neón en el maletero, cambiar los espejos, mejorar la iluminación del coche o, incluso, instalar un faldón delantero, ‘spoilers’, como se llaman en la cultura tuning.
En definitiva, el coche se convierte en máquina, y quien lo conduce así lo siente, porque además de la estética prima la potencia del motor. Aquellos que se engancharon al tuning eran amantes, anteriormente, de los coches por eso la mecánica no es precisamente la asignatura pendiente de los ‘tuners’.

El fenómeno del tuning traspasa fronteras y ya no sólo se pone a tono el automovil, sino también las motos, las mini-motos, las bicicletas e incluso los ordenadores.
Por: Sylvie | Reportajes | Comentarios (0) | Referencias (0)
reflexiones, intentos, búsquedas y devaneos de una joven periodista
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com