Sábado, 10 de abril de 2004
El periodismo partidista y amarillo son, como dijo Antonio Franco, variantes singulares del “Periodismo Solo Negocio”, y es en estos, en mi opinión, donde se manipula al informado, en la mayoría de los casos, desinformándolo. El desastre del ‘Prestige’, el apoyo a la guerra de Irak, el Plan Hidrológico Nacional o los terribles acontecimientos del 11-M en Madrid son claros ejemplos en los cuales los hechos y los datos han servido al periodista en lugar de ser él quien sirva a la verdad.
Cuando un medio expresa su postura frente a ciertos sucesos, bien por su línea editorial o bien por la ideología o valores de quien escribe, dentro de sus páginas de Opinión, podemos hablar de que existe una tendencia pero, por el contrario, en las páginas de información los datos y los hechos serán sagrados. Si de toda la información publicada se destacan ciertas noticias en portada, se hace uso de las negritas o de otros recursos estilográficos y de titulares cargados de interpretación, esto es influencia, el medio intenta llamar la atención del lector-usuario, sin embargo, en el cuerpo de texto se ofrece toda la información.
Hasta aquí bien, de hecho es en lugar donde se encuentran la mayor parte de los medios de comunicación españoles, pero ¿cómo llamamos al hecho de esconder datos de claro interés popular?, ¿a la insistencia en unos hechos cuando se conocen otros que cambian toda la investigación anterior?, ¿a la mentira?, ¿a la intoxicación con informaciones triviales y noticias espectáculo que mantienen al ciudadano entretenido e hipnotizado frente a las cuestiones importantes?... es a esto a lo que llamamos manipulación.
Sin embargo y pese a que la tendencia que expresa un medio no atenta contra la verdad ni contra del rigor periodístico, la única tendencia que debe dirigir y conducir a un medio es la de ‘informar al ciudadano’ para su propio bien y por su interés. El periodismo como tal debe cumplir y debe vivir por su función social, sin olvidar que del único lado del tiene que estar es en el de la comunidad.
Por: Sylvie | Artículos | Comentarios (1) | Referencias (0)
Poner una letra cursiva en el titular no da derecho a mentir. Ni tan siquiera a manipular, en el sentido de transmitir información u opinión de forma tergiversada. La línea editorial de un medio, las opiniones vertidas en él, deben llevar a expresar una tendencia política o ideológica, transmitiendo valores, creencias y opiniones, pero nunca engañando. La información es sagrada, y se asienta en los pilares de la veracidad y la transparencia. El ciudadano tiene derecho a la Información, con mayúsculas y sin cursivas. Por tanto, no debe ser manipulado ni influido por opiniones escondidas tras la bandera de la verdad, que de forma perversa le induzcan a obtener una imagen de la realidad falsa.
La masacre del 11-M nos ha llevado a un nuevo ejemplo de manipulación informativa desde los medios cercanos al Gobierno. Aún más grave fue el intento de desacreditar a los medios de comunicación que estaban transmitiendo información veraz. Una vez más se cumplió la máxima de “matar al mensajero”. Para el Gobierno, era necesario que la autora del atentado fuera ETA. Y ninguno de los medios de comunicación afines al poder se ruborizaron al verse obligados a cambiar su discurso. Aún más, criticaron a los pocos medios que transmitieron la verdad.
La influencia pretende hacer variar las opiniones y creencias. Es éticamente dudosa, pero lo que no puede pretender el que pretende influir es que los demás le hagan caso. Es decir, la influencia no debe ser obligatoria. Traduciendo esto a la práctica, un político puede intentar influir en un medio de comunicación, haciéndole ver una determinada actuación concreta. Pero lo que no puede hacer, ya que se convierte en un delito, es amenazar al medio con retirar la publicidad institucional del mismo, en el caso de no seguir las consignas dictadas. A su vez, los medios de comunicación no pueden obligar a sus lectores a pensar de una determinada manera, aunque en ocasiones lo pretendan.
La palabra manipulación tiene unas connotaciones negativas, en el sentido de que transmite la idea de que se pretende hacer ver una realidad de una forma diferente. Un medio de comunicación difícilmente puede ser manipulado sin conocimiento de serlo. El famoso titular de El País “Matanza de ETA” en su edición especial del 11-M es un claro ejemplo de manipulación. El presidente del Gobierno llama al director del periódico y le comunica que el atentado lo ha cometido la banda terrorista ETA. Ingenuo Ceberio. Pensar que Aznar te dirá la verdad con doscientos cadáveres sin sepultar.
Por otra parte, los medios de comunicación manipulan la información desde el mismo momento en que seleccionan unos contenidos. Los periodistas pueden elaborar una información objetiva, pero el mero hecho de tratar unos temas en detrimento de otros ya significa manipular. A veces, uno llega a pensar que los grandes medios de comunicación manejan la agenda del mundo. Porque es curioso comprobar la cantidad de temas de portada de los periódicos que desaparecen de la actualidad en tres días
W | 16-07-2005 19:10:01
reflexiones, intentos, búsquedas y devaneos de una joven periodista
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