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Lunes, 19 de enero de 2004

El embrujo de Rafael Amargo

El famoso bailador Rafael Amargo presentó en Murcia su espectáculo “El amor brujo”, una versión de la aclamada obra de Falla.

De la oscuridad nace una suave luz dejando adivinar a la izquierda a una mujer rodeada de mujeres, un lamento de una de ellas se convierte en canción y la que está en el centro cuenta una historia sin palabras, baila. De nuevo una luz tras la oscuridad deja ver a un hombre entre un corro de hombres, otra voz en pena canta y Rafael Amargo comienza a embrujar al público.

En el suelo del escenario el conjuro para reconquistar el amor perdido forma una espiral sobre la que la plácida y elegante fuerza del protagonista deja su huella. “¡Por Satanás!¡Por Barrabás!¡Quiero que er hombre que me ha orvidao me venga a buscar!¡Cabeza de toro, ojos de león!...¡Mi amor está lejos... que escuche mi voz!¡Que venga, que venga!...¡Por Satanás! ¡Por Barrabás!”.

En la primera parte del espectáculo dos voces de cantaora, dos guitarras, un violín y un cajón marcando el contratiempo hacen “flamenco” al compás de las palmas y el taconeo de los bailarines. Es ya en la segunda parte cuando la famosa pieza de Manuel de Falla, “El Amor Brujo”, corre por el escenario. Rafael Amargo ha querido respetar al completo la partitura original sobre la que ha presentado su propia versión de la coreografía, creando un flamenco contemporáneo propio de él.

Pero no solo la coreografía engrandece la obra de Falla, un magnífico reparto, una cuidada y exquisita escenografía de componentes actuales que cambia de matices rojos y negros a blancos y viceversa, un esmerado vestuario, y numerosos elementos dramáticos avivan el sentimiento de la música y el baile.

La conmovedora recitación del texto de las canciones, las cuales Manuel Falla encargó a Gregorio Martínez Sierra y a María Lejárraga para su estreno, es otro factor de gran importancia en este espectáculo que levantó a los espectadores del auditorio de Murcia en generosos aplausos.

Rafael Amargo se despidió llevándose varias veces las manos al corazón, el público hechizado le entregó el suyo, mientras, un gran corazón en forma de víscera en lo alto del escenario no dejaba olvidar la pasión, la fuerza, el arte, la magia y el fuego del que habían sido testigos.

Por: Sylvie | Artículos | Comentarios (0) | Referencias (0)

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