Miércoles, 12 de marzo de 2003
Al principio no sabía que hacer, me detuve, estiré el cuello hacia atrás para aliviar el dolor de cervicales, resoplé y dejé que mis manos eligieran palabra por palabra. Casi sin mirar la pantalla tenía medio texto escrito. ¿De donde había salido? Me impresionó releerlo, era como si mis manos pertenecieran a otra persona. Además, yo casi no sabía escribir a ordenador (utilizo dos dedos y el pulgar para la barra espaciadora como mucho). Pestañeé, y cuando quise comenzar de nuevo, mis manos habían perdido el ritmo, se paraban, ya parecían las mías.
- Pero, ¿por qué? A mí me gustaban más las otras.
Siempre alabo a mis manos disfrazadas de otras cuando me dan algo bueno, en cambio cuando lo único que hago es quitar el polvo a la torre del ordenador o morderme las uñas, la culpa es de “mis manos”.
Por: Sylvie | Entre renglones | Comentarios (0) | Referencias (0)
reflexiones, intentos, búsquedas y devaneos de una joven periodista
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